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Cargar arroz por cientos de kilómetros

Chong Io, también conocido con el nombre Tzy Lu, nació en el Estado de Lu en el período de las Primaveras y Otoños, fue uno de los setenta y dos discípulos destacados de Confucio. Cuando Chong Io era joven hubo una gran sequía, por eso los precios de los alimentos habían aumentado desmedidamente. Su familia era de las más humildes, no podía pagar la comida, y no tuvieron otra alternativa que sobrevivir comiendo verduras silvestres.

  • Período de las Primaveras y Otoños: desde el año 771 a.C. hasta 476 a.C. durante este período nació el Santo Confucio.

Pasaban los días, y Chong Io sintió que no le iba a ocurrir nada si él sólo comía verduras silvestres, pero estaba preocupado por sus padres que ya eran mayores. Justo en ese momento, recibió la noticia de que a cientos de kilómetros de distancia, cerca del río Yi, el precio del grano era más barato. Entonces Chong Io se despidió de sus padres, fue directo hasta el río Yi, llevándose todo el dinero de la casa y bolsas para grano.

La familia de Chong Io no poseía carro ni caballo, tuvo que viajar caminando. Para ahorrar, no alquilaba habitaciones sino que, cada vez que no podía seguir, simplemente dormía bajo los árboles y al despertarse continuaba su camino. Así, tardó tres o cuatro días en llegar a los almacenes de granos del río Yi, pero era de noche y ya estaban cerrados. Por lo tanto, tuvo que pasar la noche bajo el tejado del almacén.

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Al día siguiente, cuando amaneció, fue el primero en comprar el arroz y enseguida se apresuró a regresar. Después de caminar unos kilómetros, escuchó sonar su panza, era hora de comer. Durante los tres o cuatro días del viaje de ida, se había alimentado con las albóndigas de verduras silvestres que había traído de su casa pero al buscar en su bolso, se dio cuenta de que se le habían acabado. ¿Y ahora qué podría hacer?

En ese momento, Chong Io muy hambriento, al oler el aroma del arroz que escapaba de la bolsa, no podía parar de tragar saliva. Divisó el camino a casa y vio que le quedaban todavía más de noventa kilómetros. Realmente tenía un gran deseo de tomar un puñado de arroz para masticarlo y tragarlo, pero al pensar en sus padres ancianos y canosos que estaban esperando en casa y la poca cantidad de arroz que llevaba, descartó esta idea. Sin embargo, no podía quedarse sin comer por lo que empezó a buscar verduras silvestres para alimentarse, ¡pero no encontraba! Volvió a mirar al campo a lo lejos, y ¡hey, se le ocurrió una idea!

Por su parte, los padres de Chong Io habían estado esperando día tras día y noche tras noche a que regresara su amado hijo. En realidad, no anhelaban ansiosamente comer arroz blanco, sino que estaban preocupados por su hijo, ya que en ese tiempo tan caótico temían que le sucediera algo en el viaje.

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Chong Io entró a su casa, entregó la bolsa de arroz a sus padres y dijo:
—Papá, mamá, conseguí arroz blanco, pueden cocinarlo y comer algo de inmediato.

El padre no tomó la bolsa; con tristeza observó que su hijo estaba más flaco y le dijo:
—No pensé que este viaje fuera tan largo, seguramente las albóndigas no fueron suficientes, ¿comiste algo de arroz?

Chong Io dijo riéndose:
—Comí un poco, estaba delicioso.

En ese momento, la madre vio que el bolso de su hijo estaba lleno, lo dio vuelta y encontró una bola de hojas de poroto masticadas.

Ella entendió de inmediato:
—Hijo mío, ¿sólo comiste esto en todo el viaje?

Al ver que no podía ocultarlo, Chong Io admitió:
—Las hojas de los porotos son arrojadas en el campo durante la cosecha, y sentí lástima de desperdiciarlas, así que las junté para comer.

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Años después, luego del fallecimiento de sus padres, Chong Io se dirigió al sur, al Estado de Chu. El rey de Chu lo trató con mucha cortesía, organizó un banquete para darle la bienvenida y asignó a altos funcionarios para asistir a la cena. Durante la fiesta, se le ofreció un cargo con un alto salario anual y cien carros con caballos para que lo escolten.

En ese momento, los funcionarios invitados lo felicitaron. Pero nadie se imaginó que, al contrario de lo esperado, Chong Io se largara a llorar amargamente.

El rey de Chu, un poco enojado, le preguntó:
—¿Acaso no estás conforme con lo que acabo de ofrecerte?

Chong Io se levantó de su asiento rápidamente y dijo: —Mi Rey, es que extraño a mis padres ¡Cómo quisiera que ellos aún estuvieran vivos y pudieran compartir esta bienaventuranza conmigo! Aunque aún quisiera cargar arroz para ofrecerles a mis padres como en ese entonces, ya no es posible.

  • Bienaventuranza: fortuna y felicidad de una persona otorgada por el Cielo.

Por un momento la fiesta quedó en completo silencio. Todos estaban conmovidos por la piedad filial de Chong Io, incluido el rey de Chu.

El maestro Confucio, después de escuchar lo sucedido, elogió a su discípulo diciendo:
—Chong Io sirvió a sus padres haciendo todo lo posible cuando estaban vivos y después de fallecidos, los sigue extrañando.

Para pensar

  1.  ¿Por qué Chong Io se puso triste al recibir los regalos del Rey?
  2.  Si tu fueras Chong Io, ¿qué harías si en el medio del camino sintieras hambre? ¿Por qué?
  3.  ¿Qué podes hacer para mostrar el amor a tus padres y cuidarlos en la vida cotidiana?